Diabética, yo

Faces of Diabetes woman on park bench

“Tenemos diabetes, nos sigue, pero no nos detiene”. —Chris Olsen

Soy Angela Allo y tengo he tenido diabetes tipo I por 28 años; fui diagnosticada a los 11. Aún recuerdo la noche en que recibí el diagnóstico y el miedo que sentí. Recuerdo también que, durante las semanas anteriores, bebía líquidos constantemente y que iba al baño, pero como vivíamos en South Luisiana, mis padres pensaron que era normal por el calor.

Nadie en la familia ha tenido diabetes, así que ni siquiera estábamos considerándolo. La niñera le comentó a mi mamá que parecía que había perdido mucho peso y, cuando me pesé, había perdido 20 libras (9.07 kg) en 1.5 semanas. Mis padres me llevaron de inmediato a una sala de emergencias ¡y mi presión sanguínea era de 800!

Los doctores dijeron que, si hubiera tardado un día más en acudir a que me chequearan, hubiera entrado en coma. Me ingresaron a la unidad pediátrica de cuidados intensivos. Algo de lo que más me gustó de mi endocrinóloga de entonces, es que me enseñó a inyectarme insulina dejando que la inyectara solución salina a ella. Había batallado para inyectarme hasta que me dejó que la inyectara.

Así fue como inició mi etapa.

Durante el primer par de años después del diagnóstico, podría decir que tener diabetes era “interesante”, excepto por las tres inyecciones diarias. Podía comer en clase (nadie más tenía permiso) y todos los maestros me prestaban atención especial. Fui a campamentos de verano para niños con diabetes. Todo iba bien hasta que entré a la preparatoria (high school).

Ya empezaba a sentir que yo no era normal. Cada vez que comía, tenía que ir al baño para chequearme el azúcar en la sangre e inyectarme insulina. En los convivios, no podía comer todo lo que los demás comían porque no había alimentos dietéticos o sin azúcar, así que, me sentía fuera de lugar. Los años de la preparatoria no fueron fáciles, y surgió el cuestionamiento: “¿por qué a mí?”. ¿Por qué tenía que ser yo la de la enfermedad crónica sin cura?

Sin embargo, mis padres siempre me apoyaron, y me ayudaron a sobrellevar esta etapa, junto con mi fe en Dios. Finalmente, llegué a aceptar mi diagnóstico y comprendí que Dios tenía una misión para mí y que la diabetes podría tener un impacto positivo. Mi diagnóstico me estaba enseñando a lidiar con situaciones adversas, que definirían el resto de mi vida.

Después de eso, digamos que mi existencia ha sido normal. En aquel tiempo, estaba aplicándome insulina cuatro veces al día, pero todo estaba bien controlado. En 2005, conocí una bomba de insulina, que era lo último del momento. Cuando necesito insulina, solo presiono un botón y, si no como, no necesito la insulina porque la bomba me suministra constantemente la insulina a lo largo del día (igual que a una persona con un páncreas saludable). La configuración de mi bomba de insulina es totalmente personalizada.

En aquella etapa, se había determinado que todos los carbohidratos tenían un impacto en el cuerpo de manera similar que los azúcares, por lo que ya no era necesario que los diabéticos evitáramos el azúcar por completo. Si se contaban los carbohidratos y se recibía la cantidad necesaria de insulina, los diabéticos podíamos disfrutar con moderación algunos alimentos dulces.

¿Cómo es la vida de un diabético en la actualidad? Siendo honesta, no lo hago todo bien, pero trato de controlar mi diabetes adecuadamente. Hay ocasiones en que no me chequeo el azúcar tan seguido como debiera, pero acudo a cada cita con el endocrinólogo cada tres meses, y mis resultados de HbA1c promedian 6.8 (el doctor me dice que cualquier valor menor que 7 para una persona con diabetes tipo 1 como yo es bueno). También me hago el examen de la vista cada año. Aparte de haber tenido tres bebés prematuros (todos sanos, pero prematuros), no he experimentado complicaciones en relación con la diabetes. Hago ejercicio en el gimnasio por lo menos dos días a la semana, por 1.5 horas en cada sesión, y trato de llevar una dieta sana (reconozco que a veces como lo que se me antoja).

De repente, el “por qué a mí” pasa por mi mente, pero lo compenso recordándome que no puedo sentirme menos por tener una enfermedad crónica, que tengo que vivir lo más sano posible e inspirar a otras personas con mi historia. La diabetes no me define, pero ha sido parte de lo que me ha forjado como persona.

Relato de Angela Allo

Comentario

INGRESA para compartir tus comentarios o REGISTRATE hoy para ser un miembro de Connect.