Cómo conseguir un médico de cabecera

 Te despiertas (tarde), te das un baño exprés, te vistes, le das de comer a tu familia y de paso comes algo, sales a pasear al perro, luego te vas a trabajar por 8 horas antes de regresar a casa a preparar la cena, lavar los trastes y la ropa.

Si tu vida cotidiana es una versión similar a la que acabo de describir, entonces todo, desde programar un examen físico anual hasta ir a recibir una vacuna contra la gripe puede ser un reto. En mi caso, la falla favorita es cuando de pronto una noche durante un fin de semana me doy cuenta que se me acabaron mis medicamentos y necesito una autorización del médico para volver a surtirlos.   

Lo único que puedo hacer es menear la cabeza y manotear, pero luego me pregunto: “¿Qué haría si no tuviera un médico de cabecera?”. Tal vez digas: “Bueno, yo no tengo uno”; si este es tu caso necesitamos hablar. Es bueno que tengas un médico de cabecera (PCP, en inglés). Tienes la opción de elegir entre un médico en medicina familiar o un internista. El médico de cabecera de mis hijos es un pediatra y el mío es mi ginecóloga-obstetra. Estoy segura de que con las siguientes cuatro razones te convenceré a buscar un PCP:

  1. Llámame la sentimental. Nadie conoce mi estado de salud tan bien como mi médico de cabecera. Ella sabe cuáles son los medicamentos he probado que no me ayudaron y también conoce lo olvidadiza que soy y que no siempre me tomo los medicamentos como debe ser. (Creo que hasta tiene una nota con letras gruesas en mi expediente). Ella también sabe que nunca he tenido problemas de presión arterial alta, así que, si ve que mi presión está un poco alta, es porque algo me está estresando (pues qué más: es ese día tan agitado del que les contaba). Alguien que conoce tanto tu historial como a ti estará mejor preparado para tomar decisiones correctas cuando tengas un problema. Además, ¿a quién no le gusta sentirse tranquilo cuando va a consultar con su médico?
  2.  Soy yo, otra vez. El personal del consultorio del mi médico de mis niños ya me conoce. El pediatra me reconoce cuando le llamo. Puedo llamar al consultorio cuando tengo un problema médico. El pediatra de mis hijos siempre hace lo posible por recibirnos ese mismo día y, si no está disponible, le pide a otro médico que nos reciba o al asistente médico que me regrese la llamada. Si no me pueden atender, ellos me aconsejan qué debo hacer. Pueden recomendarme “tomar dos aspirinas y llamar a la mañana siguiente” o, me pueden recomendar que acuda a una clínica en una tienda (para atender un dolor de oído), a un centro de atención urgente (por fiebre alta) o dirigirme a la sala de emergencias (si creo que hay una fractura). Contar con esa persona a quien puedes acudir significa que no tengo que especular en lo que debería de hacer y evitar gastos excesivos por acudir a la sala de emergencias inesperadamente. Atender problemas de salud leves antes de que se compliquen es un buen motivo para tener a tu médico de cabecera en tu lista de marcación rápida. 
  3.  Trato especial. Una de las labores principales de mi médico de cabecera es que me ayuda a mantenerme sana. El personal del consultorio me llama, me envía correos electrónicos para avisarme cuándo me toca un examen anual o las mamografías. Nuestro pediatra envía tarjetitas divertidas como recordatorios para los exámenes físicos para preparar a mis hijos para sus deportes, vacunas y los chequeos médicos para el regreso a clases. Mi doctora me ayuda a estar preparada para la temporada de alergias, resfriados y gripe, las fiestas de fin de año y me prepara para afrontar cualquier vórtice polar que se me pueda atravesar.   
  4.  Un conocido tiene un conocido. Según las consultas médicas y la atención médica que recibas para tratar tus problemas de salud, tu médico de cabecera podrá decidir cuándo es necesario que consultes con un especialista para tratar tu condición médica. Esto te ahorrará tiempo y dinero. En una ocasión, yo tenía un dolor fuerte y constante en la parte inferior derecha de mi pierna que duró un buen tiempo. Yo me imaginé que tenía cáncer en los huesos, daño permanente en los nervios, fiebre a causa del dengue o alguna enfermedad que me cambiaría la vida por completo. Pospuse recibir atención médica básicamente porque no sabía con quién consultar. No sabía si ir al ortopeda, neurólogo, cirujano, especialista en enfermedades tropicales. Lo que hice fue comentarle a mi médico de cabecera y ella me dio una orden médica para que me hicieran unas tomografías para ver qué estaba pasando. Diagnóstico: inflamación del nervio ciático. Una pastillita para aliviar el dolor y una consulta con un fisioterapeuta para que me enseñara algunos ejercicios especiales fueron la solución a mi malestar. No hubo necesidad de acudir con cirujanos ortopedas, pero de haberse necesitado, mi médico lo hubiese sabido y me hubiera dirigido al lugar adecuado.

Ha sido un placer brindarte esta consulta médica gratuitamente. Esperamos que busques un buen médico de cabecera.

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